La mejor entrada en San Mamés en dos años

19/03/2017 20:55 |0

49.095 espectadores animaron un clásico en el que faltaron 7.000 socios que no retiraron su entrada

Clásico es lo que perdura, y algo de eso se percibió ayer minutos antes del Athletic-Real Madrid, un choque de altura, con hechuras y expectación de las de antaño, tanta que el exentrenador del Athletic Luis Fernández no se lo quiso perder. Fue la mejor entrada de los dos ultimos años en San Mamés (49.095 espectadores), un récord al que que colaboró la notable afluencia de hinchas blancos.

Su presencia en las tribunas -sin incidentes salvo un cruce de insultos entre hinchas radicales de ambos equipos al entrar en el campo- contrastó con la ‘deserción’ de 7.000 socios rojiblancos que renunciaron a retirar la entrada del controvertido medio día del club.

Esa ausencia explica en parte por qué los gritos madridistas no estuvieron confinados en el triángulo reservado a los visitantes, sino que se oían por todo el estadio; eso sí, ahogados durante unos instantes por la marea que se levantó de los asientos cuando los dos equipos saltaron al campo y sonó el himno del Athletic.

La afición local extendió las bufandas, las bandas rojiblancas fueron desplegadas detrás de las porterías y una pancarta recordó a los de Valverde un lema que nunca deben olvidar: ‘Belaunaldiz belaunaldi’ (De generación en generación).

Un partido caliente, había vaticinado Zidane y así fue desde el principio, cuando el Athletic arrastró a las gradas con dos ocasiones seguidas en el minuto 6. Pero hay que marcar, y eso es lo que no se hizo, de modo que enseguida un gol anulado a Cristiano hizo resucitar a los seguidores madridistas en un encuentro vibrante.

El público estalla

Las alternativas en ambas porterías embellecían un partido emocionante que hizo estallar al público en el minuto 21 cuando el árbitro escamoteó una amarilla a Casemiro por una patada a Williams. Pero el gol posterior de Benzema obró como aceite de ricino para las gradas, que acusaron la decepción. Los seguidores madridistas, conocedores del ambiente en Bilbao, gritaron: «¡Que bote, que bote San Mamés!». Sin embargo, la hinchada local no se rindió en absoluto y replicó en un rifirrafe de ambos equipos: «¡Así, así gana el Madrid!».

A Cristiano, en cambio, la grada le reservó un tratamiento especial cuando se quejó ostensiblemente al árbitro; un abucheo colectivo. Aún pudo empatar Lekue a pase de Williams al filo del descanso, pero una vez más la oportunidad pasó de largo. Había que hacer gol y el único que había cumplido era el Madrid.

Tras el descanso no transcurrió ni un minuto cuando el Athletic ya amenazó la portería madridista, custodiada por un nervioso Keylor Navas. Dos córners en tres minutos devolvieron el fervor al estadio, que esperaba un premio que el destino le hurtaba. La gran jugada del Athletic llegó en el minuto 62 en una combinación de De Marcos con Williams que Keylor sacó con la cucharilla del té. La amenaza se hizo realidad dos minutos después con el gol de Aduriz. El queroseno ardió entonces en San Mamés, y entre las llamas y el humo el Real Madrid tuvo que estirarse. Apenas tardó tres minutos en adelantarse otra vez por mediación de Casemiro.

Marcelo perdonaría poco después pero el Athletic porfió y durante unos minutos encerró al rival para deleite de San Mamés, que dedicó a Cristiano un estruendoso abucheo cuando abandonó el campo. La afición enfiló la recta final del partido sin perder la esperanza, entregada a sus colores. Pero los goles no llegaron y son ley en el fútbol. La derrota, en cualquier caso, no empañó el espíritu de un clásico que perdura.

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