Quejas desde el Barça por el arbitraje en San Mamés.

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Jon Agiriano

Declarado el estado de desafección al Barça

11/01/2017 00:11 |0

El victimismo azulgrana no sólo es un insulto a la inteligencia. Para el Athletic es una afrenta

Al Athletic le ha cabido el honor –o la desgracia, porque reconozco que no tengo muy claro si ha sido una cosa o la otra– de ser el rival que más veces ha tenido que enfrentarse al Barcelona de Messi. Lo digo así porque así se recordará a este equipo, como se recuerda al Madrid de Di Stéfano, al Santos de Pelé o al Ajax de Cruyff. Desde la temporada 2004-05, campaña en la que eclosionó la crisálida del rosarino, los rojiblancos se han visto las caras con los culés en 37 ocasiones, 25 en la Liga, 8 en la Copa y 4 en la Supercopa.

El balance es verdaderamente indigesto. Se trata de la típica estadística tan dura y significativa que lo único que se nos ocurre al escucharla es aquello tan simple de que las estadísticas están para romperlas. El Athletic ha perdido 26 partidos, ha empatado 7 y sólo ha ganado 4. Por cierto, únicamente en dos de ellos, en el famoso 4-0 de la ida de la Supercopa y en el vibrante choque del pasado jueves, Messi estuvo en el campo. Resumiendo, que si enfrentarse al Barça es como ir al dentista, por citar la frase que se le ocurrió a Caparrós un día que salió del Camp Nou como Filemón tras caer de una azotea y ser atropellado luego por una apisonadora, el Athletic debe tener a estas alturas una dentadura perfecta, una sonrisa profidén que da gusto verla.

Es imposible que, después de tantas batallas, las relaciones entre dos equipos no sufran un desgaste, incluso un serio deterioro. Esta es la sensación que quedó el jueves, a raíz de la polémica que se generó en el partido. La afición rojiblanca, sencillamente, le hizo una cruz al Barcelona, con el que, durante estos años, buena parte de ella ha mantenido una relación muy particular, teñida por la admiración futbolística que le profesaba y por los vínculos sentimentales de la comunión nacionalista. Porque ya se sabe que siempre une mucho compartir el mismo enemigo exterior. Madrid, por supuesto. Han sido años en los que algunos hemos llegado a detectar una especie de síndrome de Estocolmo por el cual muchos no podían dejar de sentirse deslumbrados ante su verdugo más implacable. Han sido años, en fin, de bastante buen rollito para lo que parecía lógico en una rivalidad tan descompensada, con un amiguete llevándose siempre a la chica y el otro condenado a interpretar el papel de Pagafantas.

Pues bien, esto se ha acabado. Al Barça ya no se le va a dar ni agua en Bilbao. No es que hayamos vuelto a los odios sarracenos de los ochenta, pero ha quedado decretado el estado de desafección total. Puede comprobarlo cualquiera que se moleste en tomar estos días la temperatura a la hinchada rojiblanca. El motivo fundamental de esta ruptura no son ni el dolor ya sedimentado de las derrotas sucesivas, empezando por las tres finales de Copa, ni tampoco la marcha de Puyol primero y de Xavi después, dos futbolistas respetadísimos, es decir, capaces de suscitar en las aficionados rivales justo el efecto contrario del que suscitan gente como el insufrible Piqué, Neymar, Suárez, Busquets o Jordi Alba.

La razón es el victimismo. Resulta insoportable comprobar cómo reacciona ante la derrota, las pocas veces que le llega, un equipo que se ha acostumbrado a infligirla sin descanso a sus rivales. Tener que escuchar que existen campañas orquestadas contra el Barça, como si cualquier error del árbitro que le perjudique no sea una casualidad, como lo son los errores que le benefician, sino el producto de un oscuro contubernio contra el club –y quién sabe si también contra Catalunya, porque en el fondo también está implícito ese mensaje populista– no sólo es un insulto a la inteligencia. También es una afrenta para el Athletic, para todos esos miles y miles de aficionados rojiblancos que ante el Barça, incluso en el propio Camp Nou, han demostrado en estos últimos años más encaje que Joe Frazier. De manera que basta ya de chorradas. Dejemos que, como en sus peores tiempos, el Barça se consuma en el pilpil de los agravios, que en el fondo no tienen otra causa que el miedo ante el sorpasso que le está dando el Real Madrid como nuevo equipo hegemónico. Y hoy, por supuesto, vayamos a por ellos, que seguro que nos estarán esperando con enorme simpatía, cariño y admiración.

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