El Athletic sigue en la pelea

06/01/2017 19:29 |0

Los rojiblancos irán con opciones al Camp Nou tras lograr defender con nueve jugadores un meritorio 2-1 en un partido vibrante

Quedarán para el recuerdo los diez minutos finales del partido de ayer en San Mamés. Fueron un concentrado impresionante de emoción, sacrificio y heroismo de los jugadores rojiblancos al que el público asistió en primera línea, animando a su tropa como nunca y pitando con un desgarro trágico cada pase del enemigo. Todo ello para que el Athletic, con dos jugadores menos por las expulsiones de Raúl García e Iturraspe, defendiera un 2-1 que le mantiene vivo y coleando de cara al partido de vuelta en el Camp Nou la próxima semana. Merecieron el resultado los rojiblancos, que tuvieron el mérito de irse al descanso con una ventaja de dos goles y se dieron una paliza monumental para competir de igual a igual con un Barcelona que lo intentó hasta el último segundo del descuento. Literalmente. Fue entonces cuando Messi estrelló un balón en el poste antes de que Fernández Borbalán decretara el armisticio.

ficha técnica

  • 2Athletic

    Iraizoz; Bóveda, Etxeita, Laporte, Balenziaga; Raúl García, San José, Iturraspe, Saborit (Muniain, m.68); Williams (Elustondo, m.83) y Aduriz (Eraso, m.78).

  • 1Barcelona

    Ter Stegen; Sergi Roberto, Piqué, Umtiti (Alcácer, m.87), Jordi Alba; Busquets, Rakitic (André Gomes, m.71), Iniesta; Messi, Suárez y Neymar.

goles

1-0, m.25: Aduriz. 2-0, m.28: Williams. 2-1, m.52: Messi.

árbitro

Fernández Borbalán (Andalucía). Expulsó a Raúl García y Ander Iturraspe, en los minutos 72 y 80, a ambos por doble amonestación. Además, mostró tarjeta amarilla a los locales Aduriz (m.40) y a los visitantes Umtiti (m.40), Iniesta (m.46), Jordi Alba (m.46), Busquets (m.47).

incidencias

Partido de vuelta de octavos de final de la Copa del Rey, disputado en San Mames cerca del lleno y con todo el papel vendido. 45.722, incluido un pequeño grupo de seguidores visitantes agrupado en la zona habilitada para ellos.

No suele ser Valverde amigo de los cambios en el engranaje, más bien todo lo contrario. El Barcelona, sin embargo, es un equipo que merece cualquier tipo de excepción. ¡Incluso declarar el estado de excepción! Txingurri optó ayer por montar un 4-4-2 con Iturraspe y San José en la sala de máquinas, Raúl García en la banda derecha y Saborit en la izquierda en lugar de Muniain. Por supuesto, se trataba de tapar mejor las bandas. Arriba, Williams formaba pareja con Aduriz. Este esquema necesitaba el aliño de un buen propósito, que no era otro que presionar muy arriba al equipo de Luis Enrique, obligando a Ter Stegen a moverse en el alambre en cada saque de puerta.

El guión rojiblanco tuvo el efecto esperado en el arranque del partido. Por un lado, activó a las gradas. Por otro, desconcertó al Barça, que tardó diez minutos en hacerse una composición de lugar. Lo consiguió a través de la jerarquía de Iniesta y de la profundidad de Neymar, que comenzó a crear peligro por la banda izquierda. El juego del Athletic se volvió más impreciso y el Barcelona empezó a dominar. A los 19 minutos, Piqué estuvo a punto de hacer el 0-1 en un remate de cabeza del que salió lastimado tras un golpe con Iraizoz.

El partido parecía escorarse sin remedio hacia el lado catalán, como si de nuevo, como tantas otras veces en estos duelos, en el juego se fuera imponiendo lentamente la ley de la gravedad. Y, sin embargo, sucedió todo lo contrario. Un inesperado giro de guión provocó una explosión de alegría en San Mamés. Todo comenzó con una decisión táctica de los rojiblancos: la de volver a subirse a las barbas de Busquets, que tras unos inicios titubeantes empezaba a jugar cómodo, lo cual representa un peligro nuclear para los rivales, como es bien sabido. Encimado sobre todo por un San José impresionante, al mediocentro blaugrana se le cayó la batuta. Y el cielo volvió a abrirse para los rojiblancos.

Se llegó así al minuto 24. Iturraspe robó un balón y se lo cedió a San José, que lo prolongó a Aduriz. El donostiarra entró entonces en acción. Le dio tiempo a abrir la jugada a Raúl García y a llegar al segundo palo para empujar el centro picado, una exquisitez, del centrocampista navarro. Fue el 1-0. Tres minutos después, en el 27, mientras los aficionados daban la ovación prevista a Yeray, Iturraspe volvió a robar otro balón en un saque de banda del Barça. La jugada se embarulló hasta quedar a merced de Williams, que se sacó de la chistera una volea formidable.

El Barcelona tardó un rato en reponerse de un impacto que probablemente a muchos de sus jugadores les hizo recordar la escabechina de la final de la Supercopa. Lo hizo en el último tramo de la primera parte, justo antes del descanso. Lanzados a degüello, parecía que los de Luis Enrique estaban jugando los últimos minutos del partido con la necesidad imperiosa de hacer un gol para evitar la eliminación. El Athletic sufrió de lo lindo y tuvo que agradecer a Fernández Borbalán que dejara sin señalar un penalti de Etxeita a Neymar que todo San Mamés pensó que iba a pitar. Más que nada porque ese tipo de jugadas en las que el brasileño lo hace todo por caer tras sentir un leve contacto que por sí mismo no conseguiría derribarlo, las pitan siempre. De ahí el enfado monumental de los jugadores del Barça.

El partido estaba precioso en la reanudación. Los dos reyes de Copas enzarzados en un duelo a cara de perro, sin concesiones, en el que cada balón parecía el último de la historia. También parecía serlo para los hinchas rojiblancos, metidos en la refriega como en las grandes ocasiones. El problema es que Messi acostumbra a aparecer en ellas, puntual como un guardia suizo. Esta vez lo hizo en el minuto 51, en un saque de falta que Iraizoz no fue capaz de despejar. Es probable que pudiera hacer más el portero navarro, pero el tiro del argentino llevaba veneno.

Prisionero del exceso de emotividad mutua, el juego se fue embarullando. Muniain salió por Saborit y nada cambió. O mejor dicho, sólo cambió cuando el Athletic comenzó a pagar caro el peaje de su fogosidad ante un enemigo superior. Raúl García midió fatal y abandonó el campo por doble amarilla en el minuto 74. A Iturraspe le tocó hacerlo en el 81, poco después de que San José quitara literalmente de las botas el 2-2 a Leo Messi. Con dos jugadores menos en la recta final, el asedio a la portería rojiblanca fue como El Álamo, pero esta vez con final feliz.

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